Jesus Camp es el documental que me gustaría realizar alguna vez en mi vida. Es un documental sincero, que no da las ideas pre-digeridas y pre-evaluadas. No da las conclusiones, o al menos no lo hace de forma demasiado evidente. Es un documental no preparado, con un montaje bastante bueno y una banda sonora a lo morr music que complementa muy bien a los pasajes más visuales.Pero como buen documental que se precie, la clave es el permitir al espectador entrar en un mundo extraño, ajeno a su realidad cotidiana… un mundo que intuye e, instintivamente, estereotipa en su desconocimiento.
En el caso de Jesus Camp, las directoras abren las puertas de la realidad del integrismo cristiano más obstinado de EE UU. Y lo hace a través de la mirada límpida de unos chicos que asisten a un campamento de lavado de cerebro organizado por su congregación evangélica. Allí unos despiadados monitores les adoctrinan, les aterran y les inyectan en vena el sentimiento de culpa. La mirada límpida de los niños se empieza a enturbiar y su mente empieza a crear barreras entre “ellos” y “nosotros”. Siendo “ellos” los infieles, los no creyentes, y en general todo aquel partidario de la separación entre estado e iglesia.
El documental no pretende adoctrinar desde el cliché. No está lleno de guiños progres y de autoreferencias. No se ceban en el frikismo de los pastores, sino en la pureza mancillada de los chavales. En algún momento, los ojos brillantes y llenos de vida de una de las niñas generan un automático sentimiento de complicidad y simpatía en el espectador, que instantes después comprueba con horror que el mensaje que sale de su boca es un mensaje de guerra total contra gente como él mismo. Es la niña zombie, de mirada fascinante y mensaje totalmente pervertido.
Hay muchos momentos para recordar. Entre los más interesantes incluiría una sesión en la que la organizadora del campamento empieza a practicar el “speaking tongues”, una especie de trance bastardo en el que de su boca solo brotan palabras inconexas, fonemas aleatorios que, afirman, es el lenguaje de dios. Los chiquillos la siguen extasiados.
Otro pasaje de fortísimo impacto es la escena en la que uno de los chavales más adoctrinados viaja para conocer al famoso predicador evangelista Ted Haggard. El siniestro tipo, de aspecto entre vendedor del Corte Inglés y protagonista de telefilm de la tarde de los domingos, anima con su sonrisa falsa al chaval a que siga liderando a sus jóvenes compañeros. El niño no cabe en sí de satisfacción y parte de allí como un guerrero partiría hacia una cruzada. El espectador avezado comprende lo terrible de esta escena. Ted Haggard, furibundo predicador contra la homosexualidad, fue desenmascarado como un compulsivo consumidor de sexo homosexual con chaperos e incluso consumidor esporádico de methanfetamina (cristal meth). Todo un ejemplo de integridad para el joven guerrero cristiano.
Jesus Camp es un excelente filme, con mucha enjundia y de factura muy elegante. Un documental que nos permite comprender la realidad del EE UU neocon post-Bush y a la vez indaga en el nacimiento del fanatismo, en la adoctrinación y en la perversión del paraiso, en este caso la mente de unos niños inocentes.
