Este buen hombre acepta con resignación y estoicismo su azulado aspecto. A su mujer tampoco parece importarle. En realidad, él sigue insistiendo en las bondades de beber agua con plata coloidal. Lo de tener un disfraz permanente de pitufo redneck parece importarle un puto carajo. ¡Joder, si parece que le han teñido con azul de metileno!