Cuando las mentes aberrantes detrás de Film The Freak hacemos documentales (que los hacemos, y pronto lo demostraremos) tenemos una máxima. “Sigue a varias personas durante el tiempo suficiente con la cámara, y la probabilidad de la vida de uno de ellos se convierta en algo extraordinario crece hasta el infinito”. Esto, llevado al paroxismo, es lo que hizo Michael Apted con su magnífica serie de documentales “The Up Series”, de la que ya hablaremos en un próximo post. Pero sin llevarlo al extremo, unos directores españoles lograron en 2002 crear una obra maestra del arte documental, llamada “Balseros“.
Balseros fue nominada en 2004 para los oscar en la categoría de mejor documental, pero sucumbió ante la sobriedad y maestria formal de Errol Morris y su “The Fog of War”, del que ya hemos hablado de pasada. El documental comenzó a gestarse en 1994, cuando TV3 mandó a un equipo para grabar la crisis de los balseros de Cuba, cuando el amigo Fidel permitió durante un tiempo la salida de cubanos de la isla en dirección a Guantánamo (que está en la propia isla, pero que es una base donde EE UU lleva a todos los supuestos terroristas islámicos). En realidad Fidel quería únicamente tocar un poco la moral a un recién elegido Bill Clinton, pero los cubanos cegados por el sueño americano se lanzaron en masa al mar en una versión bastante freak de las pateras.
La cuestión es que el equipo español decidió seguir con una cierta periodicidad la vida de una serie de cubanos que se echaron al mar. Y dieron con petróleo. Porque lo que empieza como un típico reportaje que informa de manera aséptica y con un cierto toque “social”, acaba como el rosario de la aurora. Pero a lo bestia.
Paul Auster ya decía en “Trilogia de Nueva York” que a la gente le gusta creer que si uno pinta la trayectoria de su vida en un papel se verá una linea más o menos recta hacia la felicidad. Lo cierto es que esta trayectoria suele ser de todo menos recta, con cambios de sentido bruscos y bastante enmarañada. Y qué certera resulta esta visión cuando uno ve lo que les sucede a los balseros que lograron su sueño de pisar EE UU. Acaban todos hechos unos freaks de primer orden, salvo un par de honrosas excepciones. Desde luego, si hubieran podido ver lo que les deparaba la vida, a buen seguro que no se habrían jugado la vida en un bote inmundo en un mar infestado de tiburones.
Pero claro, cuando uno ya está en lo que está, es muy difícil pensar en cómo podría haber sido todo si no hubiéramos tomado una decisión. Desde luego, a nadie le gusta cuestionarse si su vida es un fracaso. Es mejor tirar hacia adelante sin mirar atrás, asumiendo que “esto es lo que hay”.
Y esta es la gran victoria de Balseros. Lo que podía haberse quedado en el típico ejercicio perrofláutico de documental social, el típico ejercicio babosoide de contar “historias humanas”… se convierte en un arma de destrucción mental de primera categoría. Las cuestiones que se nos plantean son profundas, dolorosas. Es un documental incómodo, que elude el buenrollismo en la mayor parte del metraje. Y proviniendo del área de influencia de Barcelona, fuente inagotable de pajas mentales en documentales estilo “En Construcción” donde la estética prima sobre el contar historias, es una doble victoria.
No os lo perdáis por nada del mundo.

