
Caratula Checkpoint
Como mola odiar a Israel, ¿verdad? Qué tendencia tiene Europa de autofustigarse y alinearse abiertamente con el oprimido pueblo palestino, martir de todas las guerras y víctima del sionismo radical, transmutación mediterránea del nazismo de la mitad del siglo XXI. Pero hay mucha gente que olvida que Israel, con toda su parafernalia militar y sus apabullantes despliegues bélicos, es una democracia a pesar de todo. Y por eso de Israel provienen algunos de los documentales más reveladores de la realidad Palestino-Israelí, más allá de la visión fascistoide de los colonos y del “Paliwood” palestino (máquina propagandística palestina para la internacional buenrollista). Uno de estos documentales es “Checkpoint“.
“Checkpoint” (Yoav Shamir, 2004) es una película sobre los puntos de control que separan a Israelies y Palestinos. Estos puestos de control son lugares de máxima tensión, armas políticas de primer orden empleadas por los distintos gobiernos de Israel para llevar el ritmo de las conversaciones de paz, o para imponer castigos a la población palestina. Es en estos puestos donde Israel aprieta el puño cuando algún quinceañero con el cerebro lavado vuela su carga de dinamita en plena pizzeria de Jerusalem, o en una discoteca de Tel Aviv. Y sin embargo, los encargados de evitar cualquier ósmosis entre los dos pueblos enemigos son igualmente quinceañeros barbilampiños. Adolescentes que cargan con armas automáticas y que en realidad están más preocupados de ligar a sus jamonas compañeras de armas que de la compleja política de medio oriente.
Checkpoint, de estilo sobrio y sin manierismos de escuela de bellas artes, recoge escenas cotidianas en varios puntos de control del territorio de Israel. Allí, los soldados de las fuerzas armadas israelies pasan el tiempo entre bostezos, bromas burdas y el miedo al otro… es decir, al palestino. En realidad son chavales que solo cumplen con su servicio militar de tres años, un muermo de primer orden, que a menudo les lleva a ser empleados como herramienta de represión contra los palestinos.
En estas fronteras interiores, se cristalizan todos los miedos y tensiones, la desconfianza y el desconocimiento mutuo que realmente anidan en el conflicto de nunca acabar. En realidad los jóvenes soldados israelies no tienen nada contra los palestinos, que han de cruzar por dichos puestos para ir al médico o para dar los últimos toques en la organización de su boda. Pero a menudo estos mismos soldados se ven obligados a instaurar toques de queda, cierre de fronteras y otras decisiones políticas de castigo para fustigar a los ya de por sí dispersos vecinos.
Todo es un gran absurdo, una incronguencia de primer orden que desemboca en el odio acumulado entre dos pueblos, en el miedo a la violencia. Y el documental tiene el gran acierto de mostrar eso y mucho más. Desde el histriónico anciano palestino que en un inglés oxidado suplica a un joven soldado que le pegue un tiro en el pecho, hasta los piropos que los militares israelies dedican a las preciosas estudiantes palestinas que se dirigen a la universidad de Belén, pasando por el ridículo buenrollismo de un pacifista judio que se niega a ser fotografiado junto a los jóvenes militares por portar armas.
Checkpoint es un collage, una colección de pequeños momentos no relacionados entre sí, pero que dan una idea muy buena de por qué la paz parece no llegar al medio oriente. Un documento interesante, a veces desternillante, que demuestra que en Israel coexisten ideologías muy diferentes: desde el extremismo sionista que gusta alardear de su fuerza, hasta la apertura intelectual suficiente para la realización de este tipo de películas autocríticas y abiertas de mente.

Si, un gran absurdo iniciado por la ocupación de palestina, hasta los judios no israelitas y bastantes también en Israel, están cansados de la política de terror de Israel hacía los palestinos.
No se puede olvidar, lo que aquí llaman democracia, no se corta un pelo a la hora de abordar un buque, el mavi marmara, y disparar a matar, tampoco en fabricar falsas pruebas de resistencia violenta para justificarse y si bien el autor de este documental es israelí tampoco se ha librado de ser tachado de antisemita por compratiotas suyos. El estado israelí está enfermo, su enfermedad es el autoritarismo más exacerbante disfrazado de democracia, su enfermedad es la soberbia de creerse el pueblo elegido, joder, justo igual que los nazis de la alemania de hitler y su estupidez al otorgar el título de raza superior a los arios rubios y de ojos azules. Quizá los israelís no gasean a sus víctimas palestinas, pero desde luego los tienen bien cercados en enormes campos de concentración y como se aprecia en este documetal, les privan de toda libertad de movimientos, en lo que fuera su patria hasta la llegada de los judios. No es un alegato a la democracia y la bondad israelí precisamente, no sé de donde sacan esa conclusión, es en verdad de un cinismo irracional que provoca arcadas. Lo que hace la policia fronteriza con las estudiantes no es piropearlas, es acoso sexual, suerte tuvieron las que salen en el documental que estuviera la cámara, sino apuesto a que son violadas con total impunidad. un quinceañero palestino no necesita que le laven el cerebro para hacerse explotar, es la grandísima libertad de la democracia israelí que lo justifica. En otro documental, de Yoav shamir, se ve bien a las claras cual es la juventud, a la que lavan el cerebro, para que odien todo lo que no huela a patriotismo israelí, para que odien a todos los humanos que no sean judios israelies o convencidos de que israel les protege contra el “neo antisemitismo” que se cuece en cada rincón del planeta, otro absurdo, otra incongruencia de primer orden, que explotan políticamente esos grandes democratas del gobierno integrista israelí. El documental se llama defamation, el autor lo hizo precisamente porque le llamaron antisemita, por este otro que usted o ustedes han posteado aquí. No mola odiar a israel y tampoco que israel nos enseñe a odiarlo, eso esta en sus manos, es israel la que se tiene que abrir al mundo y al pueblo palestino, no al contrario.
Lastcarees, precisamente estuve hace un par de semanas en Israel y pude confirmar gran parte de mis sospechas. Existen dos Israel. El fascista, integrista y mesiánico de los ultraortodoxos, sionistas extremos y otra caterva… con epicentro en Jerusalem… y el Israel trabajador, viajado, amante de la vida, con su máximo exponente en Tel Aviv. No se puede expresar con palabras la energía desbordante de Tel Aviv, su pasión por la buena comida, por la vida. Sinceramente, intentar ver Israel como un ente homogéneo es tan absurdo como calificar a todos los musulmanes de terroristas.
Y precisamente buena prueba de todo esto es ese otro documental de Yoav Shamir sobre el negocio del “Anti Semitismo” (o la “denuncia de”) que muestra a las claras como es el Israel auténtico, trabajador, socialista en sus orígenes. Y recordemos que Yoav Shamir es de Israel… ¿Cuántos directores de documentales palestinos conoces haciendo documentales que denuncien la corrupción desaforada de Arafat?
Ese es el contraste de Israel. Dos sociedades distintas, totalmente opuestas. La religioso-fascista y la de la gente de la calle que sólo quiere vivir en paz.