Hay documentales que nos acercan historias pequeñas y remotas, pero que como los cuentos de Chejov, tienen algo para todos y cada uno de nosotros. Hay otros documentales que hablan sobre historias por todos conocidas, pero de las que realmente no sabemos nada. For All Mankind es un ejemplo claro de estos últimos. ¿Quién no sabe de las misiones Apollo a la luna? Y sin embargo, la visión que la mayoría de nosotros tiene es una visión oficialista, fijada en el imaginario colectivo como una serie de estampas fotográficas que ya casi no dicen nada.
For All Mankind destroza esas estampas bidimensionales, esas imágenes clichés y devuelve todo el contenido emocional a una de las últimas grandes aventuras realizadas en nombre de la humanidad (signifique esto lo que signifique). Y lo logra con una factura absolutamente perfecta, en la que nada sobra y nada falta.
El director, Al Reinert, se estrenó cinematográficamente con esta obra magna. Con un acceso total a material de archivo fascinante y a los astronautas de las distintas misiones Apollo, Reinert recompone un viaje a la luna, desde las horas de tensa calma antes del despegue hasta la reentrada a la atmósfera. Y lo hace con una belleza formal difícil de describir. Las imágenes son de una fuerza tan poderosa, que los larguísimos planos poco a poco van ejerciendo un efecto hipnótico sobre el espectador.
No es ajena a esta majestuosidad la preciosa banda sonora compuesta por Brian Eno y Daniel Lanois (productor de U2, Bob Dylan, Peter Gabriel…). Los acordes se mantienen de forma casi minimal, con algunas figuras de piano marca de la casa Eno… De vez en cuando, alguna canción country que los propios astronautas escucharon durante su viaje devuelve al film a la realidad, para enseguida volver a zambullirse en el ritmo pausado y ensoñador.
Lo mejor del documental, sin embargo, son las intervenciones en off de los distintos astronautas. En ningún momento aparecen hablando a cámara, como en una entrevista convencional. Son sus voces, lejanas y sin identificar, casi provenientes del espacio, las que van relatando de una forma totalmente humana lo que significó el viaje para ellos. Algunos hablan de sensaciones como la ingravidez. Otros hablan de los sueños que tuvieron durante su estancia en el satélite. Todos intentan transmitir ese sentimiento de grandeza y fragilidad que les infundió nuestro planeta, la Tierra.
En un momento dado, las imágenes tomadas desde la nave espacial orbitando la tierra se superponen con la voz de un astronauta relatando como al pasar por un África sumido en la oscuridad, se dio cuenta de que se veían las enormes hogueras que los hombres encendían en medio del desierto. Y que eso le había conmovido totalmente.
Es difícil transmitir lo lejano que se encuentra For All Mankind de cualquier otro documental sobre la carrera espacial que hayáis visto. Es una obra de arte, el mejor tributo que se podría hacer a ese esfuerzo descomunal que se hizo hace casi cuarenta años y que hoy nos resulta lejano y muerto en el tiempo. Pero realmente se trata de una historia absolutamente fascinante y que merece la pena conocer, porque emociona hasta lo más profundo.

