Mis documentales favoritos son aquellos que fijan el objetivo de la cámara en pequeñas historias. Pequeñas gestas cotidianas cuyos protagonistas repentinamente se revelan como héroes bajo el detallado escrutinio de la cámara. The King of Kong: A Fistful of Quarters cuenta, sin duda, con algunos de los mejores personajes que he visto nunca.
¿Y qué ámbito más inesperado para encontrar un héroe que el submundo de los arcades, matamarcianos y comecocos? ¿Qué escenario menos heróico que los sotanos oscuros, malolientes y ruidosos de un arcade de suburbio americano? Pues sí, queridos hamijos aficionados al documental. En los Arcades se libran batallas míticas que trascienden los sprites y los sonidos en 8 bits, batallas entre frikis de primer orden que son capaces de batir a los videojuegos ochenteros más infernales que uno pueda recordar.
El rey de los videojuegos de esa época no es otro que Donkey Kong, una placa de 1981 que marcó un antes y un después. Este clásico arcade de plataformas consistía en hacer que Mario esquivara los barriles que el gorila Donkey Kong, le lanzaba desde lo alto de un edificio. La premisa era sencilla, pero la dificultad de este juego llegaba a cotas desesperantes, solo aptas para seres superiores y con una coordinación mente-mano próxima a la de un replicante.

Y así, entre piques de adolescentes rednecks surgieron las primeras competiciones para ver quien era más machote y lograba más puntos esquivando los barriles. Había nacido una escena, la de los jugadores profesionales y coleccionistas de puntuaciones máximas. Entre ellos destacó Billy Mitchell, un feucho gañán con pelusilla y gorra de John Deere que en el año 83 logró unas puntuaciones infernales al Donkey Kong. Tan estratosféricas fueron sus marcas que más de veinte años después nadie había logrado ni acercarse.
Así siguió la cosa hasta que Steve Wiebe, un antihéroe parado en plena crisis vital por sentirse un fracasado en todos sus sueños, pierde totalmente la cabeza y se sumerge en un escapista mundo de pixels. En el garaje de su típica casa de suburbio americano, Wiebe se lanza desperado a jugar a Donkey Kong para lograr, por fin, ser el mejor en algo. O al menos eso pensaba él.
“The King of Kong” relata el duelo al máximo nivel de dos personajes antagónicos. Mitchell, el adolescente feucho con gorra de John Deere, es ahora una especie de cowboy, tycoon de salsas para hamburguesas. Un personaje rastrero con botas de serpiente y aspecto turbio. El aspirante fracasado es su reverso luminoso. Un antiguo músico grunge, ingeniero despedido de la Boeing y educado padre de familia. Lo único que les une es una destreza total moviendo a Mario con el joystick de bola.
La película se convierte pronto gracias al habilidoso montaje en una especie de western suburbano. Una contraposición de los dos protagonistas, con una buena colección de secundarios, geeks de primer orden, lameculos, traiciones y trampas. Lo que parece un mero entretenimiento pronto se convierte en manos del director en un duelo a muerte (digital) absurdo.
El documental es entretenidísimo, los personajes son lo mejor que ha pasado por mi DVD y además tiene el sello “Geek-Approved” si recuerdas esa época con cariño. Os va a encantar.



En este documental salen mogollón de frikis a los que se les ve el cartón, inspiradores directos del prototipo de usuario de meneame, digg o slashdot… jajaja.