Ganadora del Oscar 2011 a Mejor Documental.
Archive for the ‘capitalism’ Category
Reality Crisis: Callejeros, “Ladrillos Rotos” (2008)
En Film The Freak no solemos ser unos apasionados de Callejeros. Principalmente porque a menudo resulta bastante patético escuchar a los reporteros intentando escarbar en la mierda ajena, intentando extraer un poco más de dramatismo y sordidez a sus “víctimas”. Además, estos jóvenes camara-periodista-voyeurs no suelen tener ni idea de grabar como dios manda y el resultado no es muy elaborado.

Pero hoy os queríamos hablar del programa que se emitió esta última semana y que trataba el tema del derrumbe inmobiliario que estamos viviendo este último año… y sobre todo de sus víctimas.
En un momento económicamente complicado como es el actual, resulta reiterativo el hablar de la crisis. Realmente es algo que está ahí, pero no por ello el mundo deja de girar. Nuestra vida, con sus altibajos, va a continuar más o menos inalterada, a no ser que nos veamos afectados por el paro o, como en el caso que nos ocupa, por unas deudas insoportables.
Esto es lo que les ha sucedido a los protagonistas de “Ladrillos Rotos”. Gente que creyó haber encontrado el dorado en forma de una hipoteca con un Euribor bajo. Pero que ahora cuando viene el momento de agarrarse los machos, recortar gastos superfluos, pues se dan cuenta de que no son más que unos pobres diablos que no tienen más que deudas. Son los nuevos esclavos (de las deudas).
En el programa los reporteros hicieron un recorrido por diferentes casos extremos. Desde los gañanes desdentados que deciden montarse su chiringuito de “reformas y otros menesteres” en pleno desplome del castillo de naipes inmobiliario, hasta el alma caritativa que avaló a un subsahariano para comprarse un piso y ahora no sabe donde meterse los recibos. Son historias de personas que se tragaron a pies juntillas eso de que los pisos no bajaban y que no podían dejar la oportunidad de hacerse ricos, que iban a acceder al Olimpo de los propietarios.
Callejeros tiene el acierto de presentar no sólo a las victimas, sino también a los verdugos que se quieren hacer pasar por víctimas. Es el caso de un promotor inmobiliario al que la crisis crediticia le ha dejado con nosecuantos loft pretenciosos sin vender. Al hombre este no se le ocurre otra cosa que organizar cenas en los loft, para que las parejitas “con ambiciones” se dejen llevar en la imaginiación y decidan comprarse un acogedor loft de 230 metros cuadrados. Lo mejor, el detalle de la chimenea, pretendidamente de diseño, que más bien parece un infiernillo de gas donde recalentar las salchichas del DIA, que desde luego va a ser la base de la alimentación de gran parte de los endeudados.
Vamos, la debacle en directo de un país donde todo el mundo se creyó que se podía ser rico sin trabajar duro. El ostión brutal de una realidad que devuelve el país al lugar que le corresponde: un quiero y no puedo permanente.
Poco más que comentar salvo el montaje del programa, que resulta insoportablemente rápido e inconexo, más propio de un videoclip technotrance que de un reportaje. Un follón, vamos.

Lo que sí esta muy bien, sobresaliente diría yo, es la labor de preproducción del programa. Los personajes son sencillamente asombrosos. Por eso resulta un tanto triste que no se les saque más partido con un poco más de visión de juego, intentando contar historias. Pues esta historia, la de un país donde todos se creyeron millonarios de la noche a la mañana, ha de ser contada con pelos y señales.
Es por esta razón que desde Film The Freak os recomendamos encarecidamente que disfrutéis con este gran programa, precursor del género documentalista desde hoy conocido como Inmobiliario-Survival-Horror.
Documental: Tetris, From Russia With Love (2004)

Siguiendo en nuestra linea de documentales para geeks, no podíamos olvidarnos de “Tetris, from Russia with love”. Un documental que relata la rocambolesca historia detrás del mítico videojuego de finales de los años 80, que tantas víctimas y adictos dejó por el camino. Porque, ¿es que queda alguien que alguna vez no se haya quedado pegado a la pantalla durante horas intentando encajar ladrillitos de colores?
“Tetris, from Russia with Love” es un documental tirando a clásico, con ese estilo británico de la BBC que suele emplear voces en off algo misteriosas y unas cuidadas entrevistas. Sin embargo, para cualquier geek que se precie, esta película despertará recuerdos de épocas gloriosas. Épocas donde los ídolos del barrio eran los programadores de videojuegos para el Spectrum 48K, o el amigo que había logrado pasar de la primera pantalla del dificilísimo Abu Simbel de Dinamic. Porque el videojuego más famoso de la historia nació del mismo espíritu que las casettes de la otrora pionera industria del videojuego española: de la ingenuidad y de la quasi-indigencia.
Alexey Pajitnov era un jovencito ruso que trabajaba para la Academia Soviética de las Ciencias en Moscú. Corría el año 1985 y Gorbachov anunciaba a bombo y platillo la reforma de la URSS con la Perestroika. Pero Pajitnov tenía entre manos unas líneas de código que iban a tener un impacto gigantesco en todo el mundo. En uno de sus ratos libres había creado un juego en blanco y negro con un poder adictivo tal que en cuestión de semanas todos sus friki-compañeros de trabajo estaban echando partidas como locos.

El programa había nacido en un Elektronica 60, un ordenador soviético de la época, pero pronto fue compilado para los ordenadores IBM PC. La expansión de diskette en diskette fue inmediata, llegando a Hungría, donde fue descubierto por una compañía de software británica llamada Andromeda. Y a partir de ahí, la locura.
Sin comerlo ni beberlo, el juego empezó a ser codiciado por varias firmas de software occidentales, y cuando fue publicado en EE UU, el exitazo de ventas fue antológico. De repente, un montón de intermediarios y compañías de la talla de Atari, Nintendo e incluso Sega comenzaron a pelear de forma feroz por hacerse con los derechos del juego, pues sabían que tenían oro entre las manos. Al final, un avispado vividor logró viajar hasta el corazón de la URSS, conocer a Pajitnov y hacerse con los derechos para las consolas de videojuegos.
Mientras tanto el creador de ese monstruo seguía su trabajo diario sin ver ni un céntimo, inmerso en la grisácea realidad de detrás del telón de acero. Y la empresa matriz, paradigma de la obsoleta industria soviética de la época ni siquiera alcanzaba a comprender la magnitud de lo que tenían entre manos. Y hasta ahora. Porque Alexey Pajitnov dista mucho de haberse hecho rico con su fantástica creación, logrando como premio de consolación un trabajo como desarrollador de videojuegos en Microsoft, siendo uno de los responsables del también adictivo Hexic HD para Xbox 360.

“Tetris, From Rusia With Love” es, sin duda, el mejor homenaje a este creador que cambió la historia de los videojuegos para siempre con el diabólico Tetris. Un juego capaz de apelar a nuestra conciencia más profunda, a nuestros deseos de instaurar el orden en un mundo y en una vida llena de caos.
Muy interesante, especialmente si creciste entre Ataris, Spectrums y Commodores 64.
Documental: Les Maitres Fous (1955)

Recuerdo hace casi dieciseis años… volvía yo algo afectado tras una larga noche madrileña e hice lo que cualquier chaval afortunado con acceso a parabólica haría en aquella época: enchufar la MTV para hacer un chill out en toda la regla en casa. En esto que se me ocurrió, bendita la hora, hacer zapping hasta Arte. Si, ese canal con un montón de documentales, pelis para gafapastas y otros programas rarunos. Lo que encontré me afectó al cerebro mucho más allá de lo razonable y dejó secuelas aún irreparables.
Y es que en ese momento la cadena franco alemana estaba emitiendo un documental del que no pude ver el nombre, pero que se me quedó grabado a fuego como una pesadilla inducida por ácido o alguna otra sustancia no recomendada por Santi Santamaría. Una pesadilla africana, más cerca del candomblé que de las matanzas de Rwanda y Sierra Leona. Pero casi casi tan terrorífica a ojos de un adolescente impresionable como yo.
Años después supe que el documental se llamaba Les Maitres Fous (Los jefes locos) y pertenecía a un documentalista francés de culto llamado Jean Rouch. Rouch grabó en Ghana en 1955 este espeluznante retrato de la vida secreta de una secta llamada Hauka, cuyos miembros se reunían una vez al año en un ritual macabro, una locura colectiva inducida por la droga que cualquiera diría que se trataban de zombies sacados de los extras de 28 Días Después.
La cuestión es que una serie de hombres normales, se reunían en un lugar de la selva para ponerse hasta el ojete de una droga autóctona. Los efectos, entre la cocaina y la belladona, llevaban a estos buenos paisanos a empezar a echar espuma por la boca, deambular espasmódicamente de un lado a otro creyéndose locomotoras y a participar de un teatro brutal y macabro en el que los participantes destrozaban la realidad tardocolonial de la época.
Cada participante adoptaba en este rito brutal un papel caricaturizado de las figuras mas prominentes de las entidades coloniales. El jefe militar, el gobernador, los ricos explotadores… Cada estamento recibía en esta macabra representación, más propia de Buñuel que de los docus gafapastas de cerocomasietes barceloneses, una despiadada crítica en una pantomima grotesca, salvaje y violenta en la que no faltaba de nada. Desde las citadas carreras de los locales con los ojos inyectados en sangre y gritando como posesos, hasta una magnífica escena inspiradora de holocausto canibal donde estos simpáticos cómicos desmembraban y devoraban crudo a un infortunado can que rondaba por allí. Todo ello revestido de la vacua y pervertida ceremoniosidad de los británicos explotadores, que degustaban té importado en tazas de porcelana mientras alrededor no había más que miseria y sufrimiento.
En realidad el documental es una locura tremenda, y poco puede extraer uno sobre la condición humana, porque los protagonistas van tan pasados de todo que cualquier parecido con un ser humano es pura coincidencia. Pero sirve de fascinante ventana a esa época donde se fraguaba el fin del colonialismo africano, desde el punto de vista de la población autóctona. Es un particular Viaje al Corazón de las Tinieblas donde África alcanza una necesaria y visceral catársis, en un espasmódico movimiento reflejo de una sociedad que se había visto sometida y saqueada durante muchos años.
Recomendable si tienes un estómago fuerte.
Documental: Balseros (2002)
Cuando las mentes aberrantes detrás de Film The Freak hacemos documentales (que los hacemos, y pronto lo demostraremos) tenemos una máxima. “Sigue a varias personas durante el tiempo suficiente con la cámara, y la probabilidad de la vida de uno de ellos se convierta en algo extraordinario crece hasta el infinito”. Esto, llevado al paroxismo, es lo que hizo Michael Apted con su magnífica serie de documentales “The Up Series”, de la que ya hablaremos en un próximo post. Pero sin llevarlo al extremo, unos directores españoles lograron en 2002 crear una obra maestra del arte documental, llamada “Balseros“.
Balseros fue nominada en 2004 para los oscar en la categoría de mejor documental, pero sucumbió ante la sobriedad y maestria formal de Errol Morris y su “The Fog of War”, del que ya hemos hablado de pasada. El documental comenzó a gestarse en 1994, cuando TV3 mandó a un equipo para grabar la crisis de los balseros de Cuba, cuando el amigo Fidel permitió durante un tiempo la salida de cubanos de la isla en dirección a Guantánamo (que está en la propia isla, pero que es una base donde EE UU lleva a todos los supuestos terroristas islámicos). En realidad Fidel quería únicamente tocar un poco la moral a un recién elegido Bill Clinton, pero los cubanos cegados por el sueño americano se lanzaron en masa al mar en una versión bastante freak de las pateras.
La cuestión es que el equipo español decidió seguir con una cierta periodicidad la vida de una serie de cubanos que se echaron al mar. Y dieron con petróleo. Porque lo que empieza como un típico reportaje que informa de manera aséptica y con un cierto toque “social”, acaba como el rosario de la aurora. Pero a lo bestia.
Paul Auster ya decía en “Trilogia de Nueva York” que a la gente le gusta creer que si uno pinta la trayectoria de su vida en un papel se verá una linea más o menos recta hacia la felicidad. Lo cierto es que esta trayectoria suele ser de todo menos recta, con cambios de sentido bruscos y bastante enmarañada. Y qué certera resulta esta visión cuando uno ve lo que les sucede a los balseros que lograron su sueño de pisar EE UU. Acaban todos hechos unos freaks de primer orden, salvo un par de honrosas excepciones. Desde luego, si hubieran podido ver lo que les deparaba la vida, a buen seguro que no se habrían jugado la vida en un bote inmundo en un mar infestado de tiburones.
Pero claro, cuando uno ya está en lo que está, es muy difícil pensar en cómo podría haber sido todo si no hubiéramos tomado una decisión. Desde luego, a nadie le gusta cuestionarse si su vida es un fracaso. Es mejor tirar hacia adelante sin mirar atrás, asumiendo que “esto es lo que hay”.
Y esta es la gran victoria de Balseros. Lo que podía haberse quedado en el típico ejercicio perrofláutico de documental social, el típico ejercicio babosoide de contar “historias humanas”… se convierte en un arma de destrucción mental de primera categoría. Las cuestiones que se nos plantean son profundas, dolorosas. Es un documental incómodo, que elude el buenrollismo en la mayor parte del metraje. Y proviniendo del área de influencia de Barcelona, fuente inagotable de pajas mentales en documentales estilo “En Construcción” donde la estética prima sobre el contar historias, es una doble victoria.
No os lo perdáis por nada del mundo.
Documental: Who Killed the Electric Car (2006)

Who killed the electric car es uno de esos documentales típicos y tradicionales que a mi personalmente no me apasionan. Este tipo de películas sólo se sostienen si cuentan algo realmente interesante de una forma impecable y con un cierto gusto.
Who Killed the Electric Car relata el estrepitoso fracaso de una iniciativa que podría haber cambiado muchas cosas en el panorama energético y medioambiental. Esta iniciativa fue una ley dictada por el estado de California a principios de los 90 que exigía a los constructores de coches que un porcentaje mínimo de los vehículos vendidos debían estar propulsados por electricidad. A cambio, el Estado creó la infraestructura para recargar las baterias, una operación que costó muchos millones de dólares.
General Motors fue uno de los primeros en producir un modelo completamente eléctrico, el EV1. Este modelo se ganó una base de fans incondicionales, que descubrieron que eléctrico no significaba aburrido. El coche era un auténtico placer de conducir, y a pesar de un diseño retro modernista algo discutible, sus usuarios estaban más que encantados.
Hasta ahí todo muy bonito. Pero de repente, el lobby energético empezó a actuar con sus métodos marrulleros de siempre… hasta que consiguieron que se cargaran el proyecto totalmente. Los vehículos, que estaban en mano de los usuarios mediante contratos de leasing, fueron retirados a la fuerza a pesar de las insistentes demandas de los conductores para comprarlos y mantenerlos en su poder. Eran coches completamente nuevos y sin ningún problema, y la industria prefirió quitarlos de la circulación… ¡y destruirlos!
Realmente la historia es muy interesante y pone los pelos de punta al comprobar lo miserable de las prácticas corporativas de las multinacionales. La película resulta así un curioso y bien documentado toque de atención sobre el marasmo de corrupción que es el capitalismo moderno, que por mucho que predique las bondades de la competencia, no duda en actuar como un animal feroz contra aquellas propuestas que cuestionen el status quo de las multinacionales y del reparto del pastel.

