En Film The Freak no solemos ser unos apasionados de Callejeros. Principalmente porque a menudo resulta bastante patético escuchar a los reporteros intentando escarbar en la mierda ajena, intentando extraer un poco más de dramatismo y sordidez a sus “víctimas”. Además, estos jóvenes camara-periodista-voyeurs no suelen tener ni idea de grabar como dios manda y el resultado no es muy elaborado.

Pero hoy os queríamos hablar del programa que se emitió esta última semana y que trataba el tema del derrumbe inmobiliario que estamos viviendo este último año… y sobre todo de sus víctimas.
En un momento económicamente complicado como es el actual, resulta reiterativo el hablar de la crisis. Realmente es algo que está ahí, pero no por ello el mundo deja de girar. Nuestra vida, con sus altibajos, va a continuar más o menos inalterada, a no ser que nos veamos afectados por el paro o, como en el caso que nos ocupa, por unas deudas insoportables.
Esto es lo que les ha sucedido a los protagonistas de “Ladrillos Rotos”. Gente que creyó haber encontrado el dorado en forma de una hipoteca con un Euribor bajo. Pero que ahora cuando viene el momento de agarrarse los machos, recortar gastos superfluos, pues se dan cuenta de que no son más que unos pobres diablos que no tienen más que deudas. Son los nuevos esclavos (de las deudas).
En el programa los reporteros hicieron un recorrido por diferentes casos extremos. Desde los gañanes desdentados que deciden montarse su chiringuito de “reformas y otros menesteres” en pleno desplome del castillo de naipes inmobiliario, hasta el alma caritativa que avaló a un subsahariano para comprarse un piso y ahora no sabe donde meterse los recibos. Son historias de personas que se tragaron a pies juntillas eso de que los pisos no bajaban y que no podían dejar la oportunidad de hacerse ricos, que iban a acceder al Olimpo de los propietarios.
Callejeros tiene el acierto de presentar no sólo a las victimas, sino también a los verdugos que se quieren hacer pasar por víctimas. Es el caso de un promotor inmobiliario al que la crisis crediticia le ha dejado con nosecuantos loft pretenciosos sin vender. Al hombre este no se le ocurre otra cosa que organizar cenas en los loft, para que las parejitas “con ambiciones” se dejen llevar en la imaginiación y decidan comprarse un acogedor loft de 230 metros cuadrados. Lo mejor, el detalle de la chimenea, pretendidamente de diseño, que más bien parece un infiernillo de gas donde recalentar las salchichas del DIA, que desde luego va a ser la base de la alimentación de gran parte de los endeudados.
Vamos, la debacle en directo de un país donde todo el mundo se creyó que se podía ser rico sin trabajar duro. El ostión brutal de una realidad que devuelve el país al lugar que le corresponde: un quiero y no puedo permanente.
Poco más que comentar salvo el montaje del programa, que resulta insoportablemente rápido e inconexo, más propio de un videoclip technotrance que de un reportaje. Un follón, vamos.

Lo que sí esta muy bien, sobresaliente diría yo, es la labor de preproducción del programa. Los personajes son sencillamente asombrosos. Por eso resulta un tanto triste que no se les saque más partido con un poco más de visión de juego, intentando contar historias. Pues esta historia, la de un país donde todos se creyeron millonarios de la noche a la mañana, ha de ser contada con pelos y señales.
Es por esta razón que desde Film The Freak os recomendamos encarecidamente que disfrutéis con este gran programa, precursor del género documentalista desde hoy conocido como Inmobiliario-Survival-Horror.














